jueves, 3 de noviembre de 2016

Chuquicamata, El adiós



Me atormenta pensar que jamás veré este lugar, tantas cosas pasaron aquí que transformaron mi vida que es inefable pensar en mí sin mi querido Chuquicamata, veo como mis padres, como adultos que son, están felices de dejar este lugar con el deseo y anhelo desesperado de librarse de las garras del comodato.
Debo ser muy inmadura al creer que la vida es vida en un campamento minero, pero no sé cómo voy a seguir respirando sin tener el sabor de mi identidad, esa que llevo pragmada en mi ser llamada “Domeyco # 114 La Normac O’Higgins”.
Más que mal no me identifica mi nombre ni mi apellido, porque son solo palabras, pero este lugar es mi pasado y presente, bueno solo hasta hoy.
Acaba de llegar el monstruo naranja de mis desesperaciones, ese camión Navas que llega a despojarme de mi cuadrado pernoctador.
Beatus Ille el que puede nacer y morir en el lugar donde se siente un sustantivo propio y no uno abstracto… Dichoso aquel que puede mostrarles a sus hijos el hospital donde vio la luz, sin la necesidad de explicar que fue enterrado, por bandidos con dinero despoja vidas Chuquicamatinas…
Me quedo muda al pensar que mi estirpe ya no existe, ya que ningún ser será digno de decir “Yo soy Chuquicamatino”, pero así es la vida y parte de mi vida se queda aquí, ya que esa parte no pudo entrar en la mudanza.
Adiós te digo vida, para darle paso a la tragedia de saber que jamás podré transitar por tus bellos andares, solo sé que nada vale hoy si perdí mi yo y mi súper yo.
Te saludo con tristeza y con rabia, porque ese saludo se convierte en homenaje, y déjame decirte que jamás podré  amar un lugar como te he amado a ti, con tus blancas montañas nortinas que solo serán auxiliadoras de trabajadores que odian este lugar, y será pañuelo de lagrimas de jóvenes Chuquicamatinos que te adoran, y sueñan con alguna vez volver y recordar los días de dicha que volaron en tus laberintos vanidosos y llenos de catarsicas sensaciones.
Adiós vida, Adiós a mi misma, Adiós Domeyco, Adiós Chuqui querido!


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