jueves, 3 de noviembre de 2016

Ariel el niño rata



Mi nombre es Ariel,  tengo 6 años y esta es mi historia.
Soy una rata, y la gente no sabe lo difícil que es serlo, por los días duermo y por las noches estoy despierto. Siempre debo hablar cuando los humanos se duermen, porque pueden venir y matar a toda mi familia. Sé que parece cruda mi historia, pero yo la paso muy bien, miro por las rendijas a esos seres extraños que viven en esta casa mientras yo estoy cómodo en el entretecho jugando a ser un espía secreto.
A veces me da pena mi papá, no le gusta ser una rata y mientras todos dormimos llora acallando sus lágrimas para que no lo escuchen, dice que le hubiese gustado ser humano, no esconderse como una rata. A mi me agrada, todos dormimos juntos en la misma camita, nos abrazamos constantemente y nos decimos que nos queremos por si algo malo pudiera pasar. No me gusta la idea de vivir separados el uno del otro.
Mi hermana esta por tener sus crías y sospecho que esta triste, yo creo que tiene miedo porque pueden hacer mucho ruido, aunque yo no creo, las ratas somos muy inteligentes, yo no emito sonidos desde que tengo memoria, a menos que sea muy de noche. “Hay que estar calladitos para que no nos escuchen los hombres malos” decía mi mamá, y yo soy una ratita muy obediente.
De todos sé que soy el único que la pasa bien, me siento especial y a la vez temido, porque sé que si salgo por ahí a sacar comida de los estantes la anciana que vive aquí se espantaría y correría, porque siempre la escucho decir que somos basura, y la basura a nadie le gusta.
Las ratas somos únicas, pero igual me da mucha pena que nos persigan por lo que somos, creo que no es justo si nosotros también tenemos derecho de vivir donde queramos. Aparte, nosotros vivíamos en esta ciudad antes que llegaran los “Fumigadores”.
Según mi papá antes era rico estar aquí, podíamos salir todo el tiempo que queríamos y convivir en las calles con las personas, porque no nos temían, nos respetaban como seres vivos.
El marido de la anciana nos da comida a escondidas, a ella no le gustamos, dice que somos una lacra social y que podemos infectarla de algún virus raro, pero él es noble, creo que le gustan los animalitos. Dice que no debemos hablar mucho porque su señora está pensando en llamar a unos sujetos que fumigan. Mi padre dice que actuemos como ratas, no entiendo porque, si es obvio que actuamos así por lo que somos, creo que a veces le gusta negarlo.
Noche tras noche pienso como ayudar a mi papá a que se sienta bien con lo que es, si incluso un día le dibuje a nuestra familia y se largo a llorar. A lo mejor no soy un buen dibujante de ratas, pero lo importante es que adoro a mi familia y me gusta ser lo que soy, y definitivamente odio a los señores que fumigan, ellos arruinaron todo.
La vida de los seres humanos es muy fácil, ellos pueden hacer lo que quieran mientras nosotros nos escondemos porque nos pueden matar de alguna manera.
Si tan solo pudiera hablar con los señores que fumigan, les diría que me quedaría en el techo, pero que de vez en cuando nos dejen salir a ver la luz del sol, que no la admiramos desde Octubre del año pasado, y que trataría de no molestarlos, pero que me dejen vivir a mí y a mi familia, porque no quiero ver más a mi papá llorar por sentir vergüenza de lo que somos.
Bueno eso es todo lo que puedo decir de mi y de mi familia, es de noche y tengo mucha hambre, aunque mi papá me insiste en que estudie la Torá, mañana seguiré escribiendo si no vienen a fumigar.

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